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Monday, November 28, 2011

"¡Me rompés las bolas!"

Al final, el fotógrafo decidió volver por su cuenta...
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Monarcas perdió de nuevo una final ante Toluca. Sucedió en la Bombonera, la casa de los diablos rojos. Disputaron el trofeo de la Concacaf, el cual acreditaría a cualquiera de los dos equipos como el mejor de Norteamérica... Y la escuadra local lo fue.
    La Perra brava, mítica porra toluqueña, celebró con diabólica alegría desde lo alto de su ubicación. Un demonio feliz se colgaba en el aparentemente débil enrejado, junto con un guerrero azteca notablemente desnutrido. Denso humo rojo los envolvía. Éxtasis descamisado en pleno infierno.
    Del otro lado, en cambio, los pocos animadores de la escuadra visitante estaban tristes, muy tristes. No es que hubieran hecho un viaje muy largo, simplemente confiaban en ver a su equipo coronarse campeón, como en el invierno aquel del 2000, pero no sucedió así. Los morelianos se toparon con el diablo... Otra vez.
    El héroe de nuestras andanzas estuvo ahí, fue enviado para cubrir el acontecimiento y tener las mejores fotos del equipo michoacano al momento de ser coronado campeón de Norteamérica... Pero en cambio debió fotografiar la tristeza, la frustración, la decepción de los morelianos... Y soportar la propia, porque el hombre vio caer al equipo de sus amores.
    La tristeza aumentó al entrar al vestidor de los vencidos. Cabezas bajas, decepción al recibir las medallas de plata... Y futbolistas en pelotas. No había necesidad de tomar fotos ahí, así que lo mejor para el triste fotógrafo-fan era salir y esperar en la zona mixta.
    Poco a poco salieron los jugadores y subieron al autobús para volver a Morelia. El último en salir fue Rubén Omar Romano, el entrenador de los recién vencidos. Una buena cantidad de reporteros ya lo esperaba, todos ellos con la firme intención de pregúntarle el porqué de la derrota de su equipo.
    Entre el tumulto estaba Eduardo, mejor conocido como Lalo, compañero del área deportiva, enviado desde Morelia para reportar las incidencias de aquella final. No tenía mucha experiencia de campo, lo suyo era la edición, pero no estaba dispuesto a dejarse intimidar por los demás periodistas.
    Luego de un par de preguntas lógicas, Lalo por fin se hizo escuchar y fue directo al grano: "Profe, otra final que pierde...". Se hizo un silencio repentino, como la calma que antecede a la tormenta. De pronto el tiempo fluía con excesiva lentitud. Todo iba en cámara lenta.
    "¡Me rompés las bolas, ¿otra vez vos!?", estalló el argentino, "¡y siempre con las mismas preguntas estúpidas!". La explosión de mal humor dio por concluída la entrevista. Romano se negó a contestar mas preguntas y subió al autobús. Si las miradas mataran, Lalo hubiera muerto acribillado ahí mismo.

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