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Wednesday, February 5, 2014

21 días

Esta pretende ser una crónica gráfica del desarrollo de la mascota de un reportero gráfico, uno que desde niño padecía cinofobia (miedo irracional a los perros) y que poco a poco, gracias a la aparición de un peludo loquillo de nombre Alf, logró superarla y convertirse en lo que es hoy: el orgulloso adoptante de un can.

"¿Qué nombre le pondremos?", fue una de los primeros dilemas a resolver en casa.

Surgieron varias propuestas, muchas de ellas en broma. Al final la cosa se puso seria y la búsqueda fue incansable, especialmente en Internet.

Ganó Spot. Así se dice mancha en italiano... Y bueno, también en inglés. La idea surgió debido a que el pequeño tiene una mancha negra en el inicio del rabo.

Lo de la adaptación fue otro asunto: el "criaturo", como de repente es llamado, no tenía entrenamiento alguno, sin dejar de lado que su raza, hasta ese entonces, era totalmente desconocida.

Encontró el juguete de otro can y lo hizo suyo, a pesar de la evidente diferencia de tamaño. Demostró a sus adoptantes que tiene energía de sobra y que tendrían que echarle muchas ganas para seguirle el paso.

Para esos casos no queda de otra: amor y paciencia...

"¿Qué le hicieron?", preguntó el veterinario la primera vez que lo vio. "Nada". Toma de temperatura y medicina contra los parásitos con sabor a vainilla.

No le agradó la visita al veterinario, de eso ni duda queda. La buena noticia: su salud es de lo mejor, lo cual es un detalle importante si se considera su historia familiar: de 7 hermanos, sólo él sobrevivió, el resto de los cachorros murió a los pocos días de haber nacido.

Primera vacuna 10 días después de aquella visita al veterinario. Apenas se quejó. Ya veremos cuando reciba la segunda dosis.

La duda acerca de su raza fue resuelta: Jack Russell Terrier. Hubo sospechas anteriores: desde Toy Fox Terrier hasta Pitbull miniatura (!).

Búsqueda rápida acerca de la raza. Quienes de esto saben afirman que son unos auténticos torbellinos, perros a los cuales les sobra la energía y que requieren de un entrenamiento muy dedicado, en especial por su inteligencia extrema.

Para ese entonces ya había demostrado eso y más al convivir con otro can, con el cual jugó al "piercing", es decir, lo mordía y se le colgaba de las orejas. No se fue limpio: el otro perro lo revolcó en más de una ocasión.

Luego vinieron las machas. No, no de mugre, más bien unas pecas que estaban ocultas y que con el paso del tiempo se oscurecen. Este detalle despierta ciertas dudas: ¿tendrá algo de dálmata? ¿Acaso tuvo una vaca como antepasado? Pero sobre todo y más importante aún: ¿Por qué diablos le engordan las patas delanteras?


              ¿Conclusión? No lo sé, esta historia apenas comienza y se ve que va para largo.

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