Crónicas bizarras: Zoológica experiencia

Zoológica experiencia




Vivir en la ciudad y dar por hecho que la fauna es inexistente. Ignorar el canto de las aves, especialmente en las mañanas. Que el ladrido del perro del vecino provoque enojo más que asombro.
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Tenemos que admitirlo: a pesar de que el concreto le gana cada vez más terreno a la Madre Naturaleza, existe cierta fauna que sobrevive y se adapta al entorno urbano.
Mascotas en su mayoría, los animales con los que uno se topa en los ambientes urbanos suelen pasar desapercibidos. Si uno lo analiza bien, en realidad es una excelente estrategia de supervivencia al camuflarse.
Sin embargo, existen ciertas situaciones zoológicas que de pronto rompen con el status quo. Sucedió un viernes 3 de agosto, justo en el recién extinto 2012.
En la cancha, Monarcas y los Reales de San Luis luchaban por obtener un buen resultado en el campo de juego. Los admiradores del equipo local esperaban una victoria, después de todo, el juego era en la cancha moreliana y se supone que todo debía estar a favor de los michoacanos.
No fue así: los potosinos atacaban con entusiasmo y tardaron poco en anotar. Desilusión moreliana en el llamado Coloso del Quinceo.
Los seguidores del equipo local anhelaban que algo sucediera, una posible distracción que le cambiara el ritmo al juego… Tal vez un apagón. Sin embargo, la luz no falló ni tampoco el dinamismo de los visitantes.
De repente, sin que nadie lo esperara, un invasor en el campo de juego. Saltó desde atrás de una portería, caminó junto a los fotógrafos y permaneció un buen rato dentro de la cancha, tranquilo, sin que nadie le dijera nada.
Analizó el entorno con sus grandes ojos azules y optó por correr hacia las bancas. De pronto ya no se notaban las rayas negras de su piel gris. En efecto, el gato recorrió cerca de medio campo y nadie lo pudo atrapar.
La situación resultó por demás jocosa para los testigos, unos cientos en el estadio, tal vez miles a través de la transmisión televisiva. Para muchos la anécdota quedó ahí, sin mayor trascendencia.
Sin embargo, el felino invasor tenía otros planes. Sin que nadie lo esperara, el gato de los ojos azules regresó a la cancha y volvió a correr hacia la portería de donde había salido. 
En una muestra de cierta inteligencia animal, el gato evitó cruzar por en medio de la cancha, donde al menos 23 pares de piernas corrían bajo el efecto hipnótico de un balón. En lugar de arriesgarse a recibir una patada o un pelotazo, el felino corrió por fuera del campo de juego.
Risas de nuevo. Mientras tanto, el gris animal analiza el entorno, se le nota la desorientación. Lo más lógico era preguntar cómo llegó ahí, pero sin duda el gato se preguntaba cómo salir.
Nueva carrera. Por fuera de la cancha, para evitar tropiezos. Esta vez, a unos 50 metros de distancia, un elemento de seguridad ya espera al gato en una posición inusual: brazos abiertos, piernas abiertas, como si el guardia fuera a parar un penal en lugar de capturar a un animal.
A unos segundos del encuentro inminente entre el hombre y el animal, el felino hace un movimiento inesperado hacia su derecha y esquiva a su captor, quien no tuvo mayor alternativa que recostarse hacia su izquierda. De haber sido un penal, entonces se hubiera cantado el gol.
Mientras tanto, en el campo de juego los equipos empataban a tres goles. El gato ya no apareció de nuevo. Tal vez logró escapar, tal vez lo atraparon. La primera opción es la más probable.

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