Allende 440
Dicen que aquí espantan. ¿Que si me consta? No, la verdad es que no. Conozco gente que afirma tener cierta sensibilidad en cuestiones sobrenaturales, pero no es mi caso.
"Deberías entrar tu solo, seguro que así te encuentras algo", fue la sugerencia hecha hace poco. Se antoja complicado, especialmente porque el sitio en cuestión está cerrado y no hay señal alguna de que esté habitado.
Algunos se atreven a decir que es la casa más terrorífica de Morelia. Ubicada en la calle de Allende, en pleno Centro Histórico, tiene el número 440 y muchos aseguran que está embrujada.
Entré una vez. No iba solo. Ni aunque quisiera. Esa noche alguien organizó un recorrido en compañía de un médium. Él haría contacto con los espíritus que no encuentran la paz.
Ritual con velas antes de comenzar el recorrido. Había testigos mudos del proceso, maniquíes convertidos en figuras deformes. ¿Olvidé mencionarlo? En ese momento, la casa era un museo de cera.
"Usen este listón rojo como protección", nos advirtió el médium. "Es probable que sientan algo en el estómago, es que los espíritus les están robando energía".
Hora del recorrido. Al fotógrafo se le da la consigna de ir muy cerca del médium, para que se entere rápidamente de las apariciones y las capte con su cámara. "Aquí hay algo", suelta el hombre con el don para ver a los no vivos.
La docena de participantes en el morboso paseo van muy juntos, no pueden disimular el temor. Para colmo, sólo unas cuantas velas iluminan el sitio, porque la luz "no le gusta a los espíritus".
Planta alta. Una puerta cerrada a piedra y lodo, literalmente. "Una vez un visitante me dijo que le gustó la cocina a la que entró aquí, pero pues este cuarto ha estado clausurado". Es decir, también hay portales dimensionales.
El dueño en turno se queja, dice que intentó vender la casa en varias ocasiones pero todo fue en vano. Nadie quiere el inmueble, no con la cantidad de ánimas que lo habitan. El médium hace el recuento de los habitantes incorpóreos. En la planta baja hay un niño, mismo que porta ropa elegante, algo parecido a un uniforme. El dueño asiente, dice que ha encontrado fotos de ese infante.
De acuerdo con la historia, el pequeño murió en esas escaleras. A propósito de las escaleras, en lo más alto se aprecia un esqueleto clavado en un hueco en el muro. En el cráneo tiene una peluca desmarañada. "Aquí emparedaron a una mujer". Al conocer este dato, los dueños del museo determinaron aprovecharlo. Y el médium dice que ella sigue ahí, en eterno sufrimiento.
El recorrido sigue por un laberinto de cuartos. En uno de ellos hay una rueda de tortura, con un maniquí atado. Una de las visitantes grita. Explica que sintió un aire frío e indica que la rueda comenzó a girar sola. Varios se acercan a examinar el aparato, pero no concluyen nada.
En la habitación anexa hay una recreación de una celda. Un muñeco que simula a un hombre con obesidad mórbida luce atado a una mesa. "Ahí está un espíritu", dice el médium. Foto rápida, con flash incluido. Revisión inmediata de la instantánea. Nada.
Termina la exploración en la planta alta, así que es momento de volver al primer nivel. Hay que pasar junto al esqueleto despeinado, bajar por esas escaleras que fueron mortales para el niño cuya foto está colgada al pie de las mismas. Su cabello era rizado, por cierto. Tras afirmar que el infante de oscuros rizos aún juega por ahí, el médium guía al grupo hacia el fondo de la casa.
Algo en el ambiente le indica a los visitantes que a continuación vendrá lo inesperado. Hay una habitación pequeña donde parece que sólo cabe la oscuridad. Las velas apenas iluminan el sitio. El grupo se aprieta, todos sienten miedo y al mismo tiempo anhelan ver algo que los asuste.
Lo mejor se guarda para el final, así que el dueño de la casa lo anuncia. En ese pequeño cuarto hay unas escaleras que conducen hacia un nivel más bajo, tal vez un sótano. Sólo hay un detalle: alguien rellenó todo con tierra.
¿Será posible cavar y acceder al misterioso sótano? ¿Qué tamaño tendrá? ¿Es un espacio minúsculo o tan inmenso como la misma casa? Alguien debe hacer algo, dar un paso siquiera hacia el primer escalón y tratar de dimensionar la escala de aquello.
Pero el médium no lo permite, detiene todo intento al asegurar que ahí debajo hay una fuerza maligna. Ofrece una explicación: "aquí enterraron un tesoro, y a dos personas junto con él. Eran dos monjes. Ahora son demonios".
Es la cereza del pastel. Toda la villanía de los anteriores dueños de esa casa queda al descubierto. Una mujer torturada, dos hombres enterrados vivos… Y el posible castigo con la muerte de un niño, quizá por cortesía del karma.
Último ritual con velas y un pentagrama de sal, para cerrar puertas. Los visitantes salen inquietos, algunos perdieron el listón rojo de protección. El dueño los despide en la puerta de la casa que intenta vender.
Será difícil hacer la venta, después de todo dicen que ahí espantan. ¿Que si me consta? No, la verdad es que no, pero para qué arriesgarse.


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