El eterno problema del hospedaje
Viajo mucho. Es uno de los tantos gajes de mi oficio. A veces son travesías cortas que no ameritan la molestia de buscar un sitio donde hospedarse, pero en otras ocasiones es necesario encontrar un sitio donde pernoctar.
Cuando hay buena suerte (la cual escasea mucho), en la ciudad que visito tengo algún amigo o conocido que se ofrece a darme una buena acogida... Es decir, un sitio donde pasar la noche antes de volver a mi lugar de origen.
Sin embargo, uno no puede tener un amigo en cada ciudad del mundo, así que es necesario echar a andar lo aprendido sobre logística y buscar el sitio más adecuado para hospedarse.
La mayoría de las veces uno no puede elegir el hotel, hostal, posada o como sea que le llamen. Para mi buena suerte, cuando esto sucede las elecciones son acertadas, no hay quejas al respecto.
Claro, no siempre es posible quedarse en un Hilton, o en algún Holiday Inn, a veces hay que soportar hoteles en los cuales es notorio el estilo de los años 70 (como el de la terminal de autobuses de Toluca).
Aquí viene la anécdota graciosa: noche tormentosa en Toluca. No había cuartos disponibles en casi ningún hotel, excepto por el "Maya", muy cerca del Centro Histórico. Sólo una habitación disponible en el lugar. La tarifa: 125 devaluados pesos por noche. "¡Démelo!".
Las características del cuarto: dos metros por dos metros. Un solo foco, pero ningún contacto eléctrico. Un buró de madera bastante viejo, un cesto de basura y nada más. ¿Mencioné que los muros eran láminas de acero?
Por eso amiguitos, lo ideal es reservar habitación desde antes de salir y evitar vagar sin rumbo por una ciudad que no conocen y bajo una lluvia torrencial.
Por cierto, la imagen que ilustra este relato corresponde al hotel Virrey de Mendoza, en Morelia. Nunca me he hospedado ahí.
Cuando hay buena suerte (la cual escasea mucho), en la ciudad que visito tengo algún amigo o conocido que se ofrece a darme una buena acogida... Es decir, un sitio donde pasar la noche antes de volver a mi lugar de origen.
Sin embargo, uno no puede tener un amigo en cada ciudad del mundo, así que es necesario echar a andar lo aprendido sobre logística y buscar el sitio más adecuado para hospedarse.
La mayoría de las veces uno no puede elegir el hotel, hostal, posada o como sea que le llamen. Para mi buena suerte, cuando esto sucede las elecciones son acertadas, no hay quejas al respecto.
Claro, no siempre es posible quedarse en un Hilton, o en algún Holiday Inn, a veces hay que soportar hoteles en los cuales es notorio el estilo de los años 70 (como el de la terminal de autobuses de Toluca).
Aquí viene la anécdota graciosa: noche tormentosa en Toluca. No había cuartos disponibles en casi ningún hotel, excepto por el "Maya", muy cerca del Centro Histórico. Sólo una habitación disponible en el lugar. La tarifa: 125 devaluados pesos por noche. "¡Démelo!".
Las características del cuarto: dos metros por dos metros. Un solo foco, pero ningún contacto eléctrico. Un buró de madera bastante viejo, un cesto de basura y nada más. ¿Mencioné que los muros eran láminas de acero?
Por eso amiguitos, lo ideal es reservar habitación desde antes de salir y evitar vagar sin rumbo por una ciudad que no conocen y bajo una lluvia torrencial.
Por cierto, la imagen que ilustra este relato corresponde al hotel Virrey de Mendoza, en Morelia. Nunca me he hospedado ahí.


No comments:
Post a Comment