Crónicas bizarras: La vida pícara

La vida pícara

No se le da la sinceridad. Miente cada vez que puede, ya sea de manera discreta o con todo el descaro posible. A veces descubren sus mentiras, pero no le importa: reincide y lo disfruta.
Le ha cambiado el color al cielo, se ha adueñado de monumentos históricos, en algún momento adquirió la mitad de la Luna y en el proceso visitó el fondo de los siete mares: ni uno más, ni uno menos.
¿Problemas a causa de sus disparates? Sí, y muchos. Sin embargo, siempre salió adelante, la mayoría de las veces porque las consecuencias de sus dislates solían ser tonterías carentes de toda importancia.
"¡Vaya picardía!", le dijeron una vez, y lo disfrutó muchísimo, especialmente por esa palabreja que hace tanto no escuchaba: picardía. Aquello le sonaba al sabor de un caramelo: "¿ya probaste el nuevo sabor picardía?".
La vida pícara transcurría sin mayor contratiempo: una mentira tras otra sin hacer daño a nadie… Hasta aquel día tan extraño.
Breve resumen: alguien le creyó. Todos en el pueblo conocían sus tretas, pero este personaje recién llegado desconocía la maraña de mentiras tejida a su alrededor.
Le contó que su abuelo fue héroe de guerra en el 56, aún cuando el país no estuvo en conflicto alguno ese año; relató la forma en la cual construyó el camino de entrada al pueblo con nada más que sus manos desnudas; mintió, una y otra vez, y le creyeron una y otra vez.
En algún momento se agotaron las guerras, los actos heroicos, las propiedades, en fin, las mentiras. Fue entonces cuando llegó el turno de la contraparte: la otra mitad de la Luna, aquella aparentemente sin reclamar, en realidad le pertenecía.
Y no sólo visitó el fondo de los océanos, también conocía cada lago y mar interior, sin dejar de lado que un país entero debía su nombre a un célebre antepasado, uno que libró a los pobladores del azote de un dragón.
Fue fascinación pura. No pudo creer que alguien mintiera tanto y que además lo disfrutara. Salivó, es necesario decirlo.
Luego de mil batallas, viajes a la Luna (porque era necesario revisar que sus propiedades estuvieran en orden), antepasados con nombres de países y países con nombres de antepasados, sucedió lo que ya todos esperaban: ambos se dieron cuenta de que eran tal para cual.
Surgió el amor. Dos vidas pícaras se unieron para construir una gran picardía. Como era de esperarse, todos en el pueblo se preguntaban si aquello era sincero o sólo se trataba de la más grande de sus mentiras. 

Eso nunca se supo.

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