Crónicas bizarras: El síndrome del Pípila

El síndrome del Pípila

Cuenta la leyenda que el "Pípila" cargó una pesada roca sobre su espalda y con eso evitó los disparos antes de incendiar la entrada de la Alhóndiga de Granaditas.

Fue así como aquel héroe, humilde minero que murió a causa de padecimientos respiratorios, dejó un tremendo legado para la historia de este país. Sin embargo, existe otro sector que le debe mucho a este personaje: se trata, ni más ni menos, que el de los fotógrafos. Así es, los profesionales de la lente le deben algo a el "Pípila".

Basta con acudir a un partido de futbol que sea medianamente importante y uno se dará cuenta de esto: los reporteros gráficos cargan con tremendas mochilas llenas de equipo.

Posiblemente, de manera inconsciente, los fotógrafos tienen esta idea de que "si el Pípila pudo, ¿por qué demonios yo no?", así que cargan con la pesada mochila y así andan por el mundo, como si entre sus deberes estuviera el tener que incendiar la entrada de una fortaleza mientras evitan los disparos que el enemigo les propina desde lo alto.

Pero hay algo que olvidan: el minero sólo lo hizo una vez, mientras que los reporteros gráficos lo hacen casi a diario. Por eso es cada vez más común escuchar que alguno se queja de fuertes dolores de espalda, mientras que otro ya acudió al doctor y debe usar una incómoda faja durante todo el día.

¿Soluciones? Alguien propuso usar mochilas con ruedas, lo cual es una excelente idea, hasta que te topas con escaleras. Ya ni hablar de las condiciones de las calles en México, que en muchas ciudades están llenas de topes y chipotes. Andar con un carrito tan pesado se vuelve toda una aventura.

Otros hallaron una mejor solución: cambiar la computadora portátil por una tableta. Es una excelente idea, ni duda cabe, pero únicamente para quienes pueden costearla.

Surge una voz desde el fondo que clama con sensatez: "¡cargar sólo con lo estrictamente necesario!". Sugerencia digna de un premio, pero seamos honestos: en el gremio de los fotógrafos casi nadie carga con lo mínimo necesario, mucho menos cuando se trata de presumir ante los compañeros. En ese caso, aguantemos el dolor.

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